13/2/12

Más datos sobre la relación entre la pérdida de audición y la sensibilidad al tacto

Un equipo de científicos europeos ha descubierto que las personas que han heredado problemas auditivos son más sensibles a las vibraciones de baja frecuencia. Presentados en la revista Nature Neuroscience, estos descubrimientos esclarecen la relación que existe entre la pérdida de capacidad auditiva y la sensibilidad del tacto. Existen unas células cutáneas especializadas que deben «afinarse» para que una persona pueda sentir.

Investigadores dirigidos por el Instituto Leibniz de Farmacología Molecular (FMP) y el Centro Max Delbrück de Medicina Molecular (MDC) Berlin-Buch (ambos en Alemania) estudiaron a un grupo de personas con discapacidad auditiva hereditaria DFNA2 para comprender mejor su sentido del tacto y no su capacidad para oír. 

La responsable de esta discapacidad es una mutación que afecta al funcionamiento de muchas células ciliadas en el oído interno y según los investigadores también puede afectar al sentido del tacto. Los cilios del oído interno vibran ante la presión de las ondas sonoras y dichas vibraciones inician un flujo de iones de potasio de carga positiva hacia las células ciliadas. Esta corriente eléctrica genera una señal nerviosa que llega al cerebro y que se procesa, lo cual posibilita la audición. Los iones de potasio fluyen por un canal en la membrana celular y se expulsan desde las células ciliares. La mutación mencionada provoca daños en los canales de potasio, denominado en términos técnicos molécula proteínica KCNQ4, impidiendo una correcta audición en las personas con esta discapacidad. El exceso de presión provoca que las células sensoras dejen de funcionar. 

«Pero hemos descubierto que la KCNQ4 está presente además de en el oído en algunas células sensoras de la piel», afirmó el profesor Thomas Jentsch del FMP. «Esta circunstancia nos llevó a sospechar que la mutación podría también afectar al sentido del tacto. Y eso exactamente es lo que hemos demostrado en nuestra investigación, completada gracias a una colaboración intensa con el laboratorio de Gary Lewin, un colega del MDC especializado en el tacto.»

Las diferencias entre superficies se pueden distinguir debido a las vibraciones que se producen en la piel al establecer contacto. Esta información nos permite distinguir objetos del entorno.

El equipo, compuesto también por expertos de España y Países Bajos, afirmó que los pacientes eran capaces de percibir vibraciones muy lentas que pasaron inadvertidas para aquellos en el grupo de control. Se pudo apreciar un cambio en los mecanorreceptores táctiles normales debido a las mutaciones del gen del canal KCNQ4. 

El profesor Jentsch y su colega, el también profesor Gary Lewin, afirmaron que los pacientes de DFNA2 son en extremo sensibles a las vibraciones: «La piel presenta distintos tipos de mecanorreceptores que responden a estímulos de distintas características, y sobre todo en distintos rangos de frecuencia. La interacción de los distintos tipos de receptor es importante para el sentido del tacto. Los receptores estudiados aumentan su sensibilidad debido a la pérdida del canal de potasio, pero esta circunstancia se ve compensada por la desventaja que supone la sintonización errónea de otras frecuencias. KCNQ4 es el primer gen humano en identificarse que modifica los rasgos del sentido del tacto.»

FUENTE: CORDIS: Servicio de Información en I+D Comunitario

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